Historia

La época histórica más conocida de Campo de Criptana hace referencia al siglo XVI, debido a que este municipio típicamente manchego y, más en concreto, su Sierra de los Molinos fue el lugar que inspiró a Cervantes para narrar la celebérrima aventura de la literatura universal de Don Quijote contra los Gigantes. Así lo atestiguan las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575) y el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752), al ser el único pueblo de las cuatro provincias manchegas con tantos molinos de viento, un total de 34, más que todos los pueblos de esta comarca natural.

Sin embargo, la historia de Campo de Criptana se remonta siglos atrás. Los primeros pobladores de la zona deben situarse hace unos 5.000 años, en el Neolítico final y Calcolítico. Culturas trashumantes asociadas a la búsqueda de metales. Pueden encontrarse restos de sus asentamientos, incluido un posible dolmen, en Guarreyiso o el Pico. A esta cultura también se asocian los petroglifos de la Senda de Cantareros.

Los primeros pobladores de estas tierras de los que se tienen noticias escritas son los carpetanos. De ellos habla el historiador griego Polibio al describir una incursión del ejército cartaginés entre los ríos Tajo y Guadiana en el año 220 a.C. Es bajo la pretura de Tibero Sempronio Graco, en el año 178 a.C., cuando realmente se domina la zona tras la toma de Alces y Certima y la derrota del rey Thurro y sus aliados. A partir de este momento se crean las bases del desarrollo comercial de la zona, construyendo vías, villas, calzadas y puentes.

En el año 1097 el rey moro de Denia se refugia en el Castillo de Critana, tras derrotar a Alfonso VI en la Batalla de Consuegra donde muere el hijo del Cid Campeador. En 1174 el rey castellano Alfonso VIII decide que Criptana y Villajos las repueble la Orden de Santiago. A partir de 1328 se unifican los pueblos de Criptana y el Campo, según una carta privilegia del maestre de la Orden de Santiago don Vasco Rodrigues, constituyéndose una nueva entidad que pasó a denominarse Campo de Criptana.

En 1523 el emperador Carlos V confirma los privilegios que los Reyes Católicos y Juana I de Castilla habían confirmado y otorgado a Campo de Criptana. Hacia 1575 se superaban los 4.000 habitantes, cifra que a principios del siglo XVII se había incrementado hasta unos 5.000. Tendencia que se invirtió en esa centuria, de forma que en 1669 los criptanenses eran alrededor de 3.600, teniendo como motivos la peste y el hambre consecuencia de malas cosechas.

Además de los molinos de viento, en torno al siglo XVI se fechan algunos de los monumentos más importantes del municipio, como la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, el Pósito Real, el Convento de Carmelitas Descalzos, o las Ermitas de la Virgen de la Paz, de la Veracruz o de Santa Ana. Por su parte, en el siglo XVII destacan las construcciones de la ermita del Cristo de Villajos y el Pozo de Nieve.

El siglo XVIII fue de una recuperación lenta, llegándose hasta los 5.000 habitantes, tendencia que se mantuvo a lo largo del XIX y principios del XX. En la década de los ’50 se alcanzaron los 15.659 habitantes, mientras que en 2001 descendió hasta 13.452 habitantes.

Durante estos dos últimos siglos la economía ha estado basada en los productos agrícolas mediterráneos típicos: cereales, olivo y vid, y en la ganadería lanar. Del sector secundario debe mencionarse la producción de harina y la artesanía textil, junto a la elaboración del utillaje necesario para las tareas cotidianas, actividades que por lo general surtían el mercado local.

Este panorama cambió de forma significativa con el desarrollo de la vid y de la producción vinícola a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX, fenómeno favorecido por la extensión de la filoxera en Francia y en el este de España, lo que propició la llegada de bodegueros y exportadores de vinos a esta tierra con unos suelos y condiciones climatológicas ideales para este cultivo.

Actualmente Campo de Criptana es un municipio en pleno desarrollo de infraestructuras y servicios, en crecimiento demográfico e industrial. Ha vuelto a rebasar la cifra de 15.000 habitantes y recientemente se ha abierto un segundo polígono industrial público, de más de 430.000 metros cuadrados. Sin dejar de lado sus esencias agrarias, en una tierra donde se elaboran algunos de los mejores vinos, quesos y aceites de España, presenta rasgos de modernidad, visibles en la relativa diversificación de su producción agrícola y en el auge de los sectores secundario y terciario. Entre sus empresas figuran algunas tecnológicas de las más punteras de España, que abastecen de componentes a países de distintas partes del mundo.

Asimismo, la puesta en marcha del Plan Municipal de Turismo, en el año 2004 que contempla acciones de restauración del Patrimonio, de promoción y de reordenación de recursos turísticos y humanos, convierte a Campo de Criptana en un destino turístico de interior preferente y está favoreciendo el despegue paulatino de un nuevo yacimiento de empleo y desarrollo: el turístico, el hostelero. Cabe reseñar que Campo de Criptana se convirtió en epicentro de las conmemoraciones del IV Centenario de la publicación de la Primera Parte del Quijote, con numerosos actos culturales de gran calidad, y pasándose de 45.000 a 200.000 turistas anuales.